Al principio de la recesión, cuando era tan solo una crisis cantada que se negaba, un amigo mío, asesor laboral él, me contaba el caso de una pequeña empresa cercana, típico de los tiempos, si bien nada tópico. Pyme de 10/12 trabajadores que se ve amenazada al cierre y obligada a un reajuste de plantilla para poder sobrevivir. Trabajadores y empresario que se reunen y de donde surge una propuesta. Están conformes en repartirse el poco trabajo que hay entre todos, aún bajándose el sueldo en igual proporción, antes que tres o cuatro compañeros vayan a la calle. Verdaderamente ejemplar. Se inician los trámites. Denegado. La legislación laboral del momento no permite tal supuesto. Se realizan gestiones sindicales. Nada, encogida de hombros. ¡Ah, sesiente..!, camaradas y camarados…
